El Teatro de la Sombra: ¿Presidencia o Control Total?
Nos encontramos en mayo de 2026 y la situación política parece un déjà vu de pesadilla. La segunda vuelta entre Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) y Keiko Fujimori nos obliga, una vez más, a elegir bajo la desgastante lógica del “mal menor”. No se trata de simpatizar con ninguno, sino de analizar el peligro institucional con pinzas. Tras la superficie de la campaña, hay una pregunta mucho más oscura sobre la verdadera naturaleza del poder que estamos a punto de validar: ¿estamos eligiendo a una presidenta o al titiritero de un sistema que ya está capturado?
El fascismo maquillado: Un diagnóstico de despachos
Llamar fascismo a una propuesta política no es un insulto pasional; es un diagnóstico. En el fujimorismo actual, los rasgos de lo que Umberto Eco llamaba “Ur-Fascismo” o fascismo eterno se presentan bajo un maquillaje legalista. Este fenómeno se sostiene sobre dos pilares: El enemigo único (uso del terruqueo) y la captura institucional. Como señala el politólogo Steven Levitsky, las democracias modernas mueren desde adentro. Keiko Fujimori no necesita tanques en las calles; le basta con el control de sectores clave en el Congreso y el sistema judicial.
El control de las mesas: Autoritarismo procedimental
Un ejemplo perfecto de este entramado es su estrategia logística para el día de la votación. Bajo la apariencia de resguardar la legalidad, se moviliza una maquinaria humana ultradisciplinada con un fin dual. Por un lado, ejercer una presencia física intimidante. Por el otro, construir la infraestructura necesaria para deslegitimar cualquier resultado adverso a través de la burocracia y la presión en el conteo. El neofascismo moderno no necesita anular las elecciones; le basta con saturarlas y asfixiarlas desde adentro.
La hipótesis del titiritero: El verdadero negocio del poder
Es aquí donde encajan las piezas: ¿realmente quiere Keiko Fujimori ser presidenta? Asumir formalmente el cargo implica un desgaste político brutal. Resulta infinitamente más cómodo, seguro y efectivo gobernar desde las sombras bajo una firma prestada. Es decir, hacer todo lo que ya hace pero usando el nombre de un tercero, manteniendo para sí misma la inmunidad del silencio.
"¿Qué es más tentador para un proyecto autoritario? ¿Poner tu nombre en la banda presidencial y exponerte al colapso, o ser la dueña absoluta del tablero sin tener que arriesgar a tu propia reina?"
La conclusión es cruda: estamos eligiendo entre el miedo y el vacío. Si el fujimorismo ya controla los hilos institucionales, la presidencia formal se vuelve un accesorio innecesario. Ponerse la banda implica asumir la culpa; quedarse en la sombra implica mantener el control absoluto de manera gratuita.
REFERENCIAS:
El Comercio. (2021, 3 de junio). Keiko Fujimori: la estrategia detrás para cubrir con personeros la totalidad de las mesas de votación.
Eco, U. (2018). Contra el fascismo eterno. Editorial Lumen.
Levitsky, S., & Ziblatt, D. (2018). Cómo mueren las democracias. Ariel.